
“12. Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán la espalda, por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros.
13. Levántate, santifica al pueblo, y di: Santificaos para mañana; porque Jehová el Dios de Israel dice así: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás hacer frente a tus enemigos, hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros.”
Josué 7:12-13
Lo que Dios ha dicho que no se haga y si nosotros igual lo hacemos, entonces Dios maldice esa determinación, y esa maldición es llamada “anatema”. En este caso Dios habla con Josué y le da instrucciones de no tomar nada de Jericó cuando fuese conquistada, lamentablemente alguien no hizo caso y fue seducido por algunas cosas que consideró valiosas y las escondió en su tienda. En la conquista de la siguiente ciudad el pueblo de Israel pierde esa batalla y muchos son muertos. Al consultar Josué al Señor, Dios le revela que en el campamento hay un anatema y este debe ser sacado, para que el pueblo vuelva a ganar sus batallas.
Este caso nos enseña claramente las consecuencias de nuestra desobediencia y de nuestro mal proceder. Esto no solo provoca a Dios sino que conlleva situaciones para lamentar, no solo nosotros, sino también arrastramos a nuestras familias y a todo el pueblo que incluso ignora nuestro delito. En otras palabras por culpa de uno o de unos pocos, todo el pueblo es afectado.
Por eso Dios nos da instrucciones precisas en su Palabra: “destruyan el anatema... quiten el anatema de en medio de vosotros”. ¿y porqué tanta importancia con esto? Porque Dios se mueve en medio de su Santidad y debemos santificarnos para enfrentar a nuestros enemigos. Si hay algo en nosotros o en medio de nosotros, entonces tendremos que lamentar que no ganaremos nuestras batallas... nuestras oraciones no serán escuchadas, nuestras necesidades no serán cubiertas, Dios no estará con nosotros...
Debemos analizar nuestra vida, nuestro comportamiento, nuestros pensamientos, no sea que Dios vea en nosotros algo que sea anatema ante sus ojos y por eso no haya respuesta a nuestro clamor y no podamos vencer, ni nosotros ni nuestros hermanos...
Pongámonos a cuenta con el Señor, destruyamos todo anatema que haya en nosotros, y volvamos a tener su favor.
Pr. Herman Gajardo P.


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