“1. Levántese Dios, sean esparcidos sus enemigos, Y huyan de su presencia los que le aborrecen.

2. Como es lanzado el humo, los lanzarás; Como se derrite la cera delante del fuego, Así perecerán los impíos delante de Dios.

3. Mas los justos se alegrarán; se gozarán delante de Dios, Y saltarán de alegría.

4. Cantad a Dios, cantad salmos a su nombre; Exaltad al que cabalga sobre los cielos. JAH es su nombre; alegraos delante de él.

5. Padre de huérfanos y defensor de viudas Es Dios en su santa morada.”

Salmo 68:1:5


Este salmo describe a Dios y su majestuosidad, en los lugares celestiales, en su habitación, en su trono, y de qué manera reaccionan sus enemigos delante de su maravillosa Presencia, si tan solo el Señor se levantase de su trono, pues ninguno podría permanecer de pie y mejor es que huyan de delante de su Presencia, de lo contrario perecerán “como se derrite la cera delante del fuego”.


Para los impíos es esta declaración, pues si no cambian de actitud, si no se arrepienten, entonces la ira de Dios vendrá sobre ellos. Sin embargo para los justos, o sea los que hemos sido justificados por su gracia, por creer en Jesucristo su hijo, por aceptar su gran sacrificio a nuestro favor, su salvación se activa en nuestras vidas y por su muerte somos justificados delante del Padre.


Por eso cantamos a su Nombre, por eso exaltamos a nuestro Dios Maravilloso, por eso nos alegramos, porque Él ha desatado la alegría y su gozo ahora es nuestra fortaleza, y le reconocemos como Señor y Dios, como el Rey de reyes, como “Padre de huérfanos”, como “Defensor de viudas”, que nadie se sienta olvidado ni olvidada, que nadie se sienta huérfano, que ninguna viuda se sienta débil o abandonada pues Dios es su Defensor, y desde su morada, su gloria y su eterna misericordia estará siempre cubriendo y protegiendo nuestras vidas.


Pr. Herman Gajardo P.