“33. Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. 34. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. 35. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.”

Hechos 20:33-35

El apóstol Pablo estaba muy consciente de los problemas que ocasiona en las personas “el amor al dinero”, porque eso no es solo una tentación actual sino desde siempre, por lo mismo, en una de sus cartas, Pablo un día escribió: “porque raíz de todos los males es el amor al dinero…” (1 Timoteo 6:10), por lo mismo, en el párrafo bíblico, que leemos hoy, Pablo enfatiza que ese problema de codicia a él no le afecta, pues su confianza y sustento es solo la gracia y misericordia de Dios, por lo cual, aclara y enseña a sus oyentes, y a sus lectores, que las enseñanzas de Jesús siempre deben primar ante nuestras buenas intenciones. Jesús nunca se preocupó de qué comer o qué vestir, y eso les enseña a sus discípulos (Leer Mateo capítulo 6:24-34).

Si nuestra confianza de sustento está en Dios, entonces, por fe, se activan las bendiciones que Dios ha prometido para los que en Él confían, por lo cual, podemos decir: “porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (2 Timoteo 6:7-9). “En la casa del justo hay gran provisión; Pero turbación en las ganancias del impío” (Proverbios 15:6).

Pr. Herman Gajardo P.