“Y los alguaciles hicieron saber estas palabras a los magistrados, los cuales tuvieron miedo al oír que eran romanos. Y viniendo, les rogaron; y sacándolos, les pidieron que salieran de la ciudad. Entonces, saliendo de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y habiendo visto a los hermanos, los consolaron, y se fueron”.
Hechos 16:38-40
Las marcas del ministerio comienzan a quedar grabadas en el cuerpo de Pablo, de Silas, y de todos aquellos que aceptaron el desafío de llevar el evangelio de Jesucristo a quienes no lo conocían. Esteban había muerto apedreado, muchos tuvieron que ocultarse, otros dejaron a sus familias y huyen de la persecución hacia otros países, pero donde vayan, siguen siendo cauces de bendición. Pablo comienza a aceptar como parte de su servicio a Dios el ser azotado, el ser encarcelado, el ser perseguido, pero no le importa, y persiste en dar a conocer que Jesús es el Cristo que hablan las escrituras. Los enemigos son cada vez más numerosos, y hoy la historia sigue siendo la misma, persecución en muchos países, muchos encarcelados, y muchos siguen muriendo por predicar el evangelio.
En el párrafo bíblico que leemos hoy, vemos a un Pablo totalmente transformado, de haber sido un perseguidor ahora es perseguido, pero cada situación adversa más lo convence de quien es realmente Jesús; azotado, encarcelado, herido físicamente, pero sale de la cárcel, y va a casa de Lidia, donde se reunían los hermanos, y los anima a seguir adelante, pues nada es más importante que conocer a Jesús. Hoy su Presencia sigue manifestándose, su poder sigue transformando vidas, acude a sus brazos, Dios espera por ti. Te esperamos. Contáctanos.
Pr. Herman Gajardo P.


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