“17. Y me aconteció, vuelto a Jerusalén, que orando en el templo me sobrevino un éxtasis.

18. Y le vi que me decía: Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí.”

Hechos 22:17-18

A ninguno de nosotros nos gusta que nos apuren para algo, pues aducimos que nada debe hacerse apurado, que eso no es bueno ni sensato, más bien nuestra tendencia es a hacer las cosas lentas, para asegurarnos que saldrán bien, y por eso, y quizás también hayan otras razones, no nos gusta que nos apuren, pero, imagínate que Dios mismo te dice que te apures, ¿cual sería nuestra reacción?, quizás pensemos que al ser lentos Dios nos considera flojos, sin iniciativa, torpes, lo cual nos hace sentir menoscabados, pero cuando Dios nos habla no es para hacernos sentir mal, sino para hacernos reaccionar favorablemente para el cumplimiento de su propósito en cada uno de nosotros, por lo cual debemos estar atentos a su voz, atentos a su Palabra, velar y orar, como nos enseñan las escrituras, y permanecer en su Presencia.

En los versículos que leemos hoy, Pablo tiene una visión, en donde Dios le dice que se dé prisa y salga rápidamente de Jerusalén, porque “no recibirán tu testimonio acerca de mi”, y esto, debe influir en nosotros para estar alerta y sensibles a las instrucciones del Señor, pues no siempre serán las que a nosotros nos parece bien hacer, pues no le vemos el peligro en insistir en compartir la Palabra en terrenos difíciles, y lo tomamos como un desafío personal, pero Dios es el que manda, dejemos que Él cumpla su propósito en nosotros.

Pr. Herman Gajardo P.