“1. Tributad a Jehová, oh hijos de los poderosos, Dad a Jehová la gloria y el poder.
2. Dad a Jehová la gloria debida a su nombre; Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad.”
Salmo 29:1-2
El primer compromiso que se adquiere, cuando comprendemos que la muerte de Jesús fue el pago de nuestra salvación, es el de adorarle, pues se activa dentro de nosotros una inmensa gratitud que no podemos aplacarla ni callarla, pues Dios es digno de suprema adoración, y además Él se merece toda la honra y toda la gloria, por lo cual, nuestro deber es dejar fluir toda la alabanza y adoración que a Dios le pertenece y que Él la puso en nosotros cuando nos creó y nos dió vida, según dice Isaías 43:7 y 21.
Somos su creación, somos su pueblo, somos ovejas de su prado, nos enseña la Biblia, debemos aprender a tener relación personal con Él, debemos tener claro quienes somos en sus manos, debemos aprender a adorarle en la hermosura de su santidad. La muerte de Jesús limpió nuestros pecados, y nos santificó, por lo cual nuestra adoración debe ser constante en su Presencia, fuimos creados para adorarle, y nada debe impedir que así sea.
Dale al Señor la gloria debida a su Nombre, es un mandato, no es una opción, toda la gloria le pertenece a Él y su gloria Dios no la comparte con nadie (Isaías 42:8), te invito a conocer a Dios en una dimensión espiritual que cambiará tu superficial forma de adorar a Dios, y algo grande comenzará en tu vida, pues entenderás que nada es más importante que amarle, adorarle, obedecerle y compartir a otros que Él nos salvó de la muerte eterna y pronto viene a buscar a sus redimidos, a su pueblo, a su Iglesia. Cree en Dios y en sus promesas. Te invitamos a adorar a Dios con nosotros.
Pr. Herman Gajardo P.


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