“10. Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos.”
Santiago 2:10
Al leer este versículo, nos damos cuenta que necesitamos urgentemente hacernos una autoevaluación de nuestra vida, de cómo hemos estado enfocando nuestro quehacer y en general, analizar nuestros puntos de vista en relación a lo que hemos aprendido de cómo vivir una vida cristiana, obedeciendo los preceptos y mandamientos del Señor, pues las filosofías imperantes en el mundo que constantemente nos están bombardeando con ideas y planteamientos modernistas, nos han hecho permeables, pues nosotros, por convivencia con quienes no creen en el evangelio, aceptamos, aunque no somos permisivos, pero sí, aceptamos el ser tolerantes con situaciones morales, con leyes que se deben respetar, pero que están abiertamente en contraposición de lo establecido en la Biblia, y nos sentimos presionados por el medio a aceptar y compartir sus enfoques de vida, que cada día se alejan más y más de los preceptos que Dios tiene establecido en su Palabra.
El versículo que leemos hoy, nos enseña algo puntual, y a la vez crucial, para mantenernos fieles al Señor, pues nos dice que si guardamos toda la ley, y procuramos vivir en obediencia a todos sus mandamientos, pero si fallamos en uno, entonces nos hacemos transgresores de toda la ley. Para entender esto es que, si uno de los mandamientos nos dice: “no matarás”, nosotros decimos que no hemos dado muerte a nadie, por lo tanto no soy culpable, pero Jesús enseñó que si en nuestra mente pensamos en darle muerte, al no querer saber nunca más de el, entonces somos culpable, o si un mandamiento dice: “no codiciarás la mujer de tu prójimo”, pero en nuestro pensamiento la codiciamos, también somos culpables; todo esto nos lleva a la conclusión que el pecado que mora en nosotros nos hace culpables de muerte… pero Jesús vino a salvarnos, y el creer en Él, nos salva de la muerte eterna, y obtenemos vida eterna. Glorioso Salvador.
Pr. Herman Gajardo P.


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