“11. donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.”

Colosenses 3:11

Que tremenda declaración de fe contiene este versículo, pues nos enseña acerca de la culminación de la unidad prometida por Jesús, cuando oraba al Padre pidiéndole que seamos uno en Él: “para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17:21), por lo cual entendemos que no importa de donde venimos, o de qué nacionalidad seamos, o qué color de piel tengamos, o si somos libres o esclavos, pues el versículo dice: “donde no hay griego ni judío”, no se trata de ser Judíos o descendientes de Judíos, sefardíes o no, luego dice: “circuncisión ni incircuncisión”, aclarándonos que no se trata de cumplir o no cumplir con leyes judaizantes o mosaicas, pues el sacrificio de Jesucristo en la cruz del calvario abarcó a toda la tierra, a toda la humanidad, desde Adán hasta nuestra generación.

El versículo continúa enseñándonos al respecto: “bárbaro ni escita, siervo ni libre”, en otra carta, el apóstol Pablo dice: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28), pues no se trata de lo que para nosotros sea diferente y nos separe, ya sea cultural, pobreza, riqueza, o alcurnia, con esto entendemos que Dios no hace acepción de personas, considerando que Él está por sobre todas nuestras maneras de pensar y de ver las cosas, pues Él es “el todo, y en todos”. Somos su cuerpo, Él es la cabeza, somos su pueblo, Él es nuestro Rey Soberano. Bendito Señor de la Gloria.

Pr. Herman Gajardo P.