“29. Él entonces, pidiendo luz, se precipitó adentro, y temblando, se postró a los pies de Pablo y de Silas;
30. y sacándolos, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo?
31. Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.”
Hechos 16:29-31
Estamos hablando del carcelero encargado de custodiar a Pablo y a Silas, el cual, debido a un terremoto, se da cuenta que las puertas de la cárcel se abrieron y las cadenas que sujetaban a los presos se rompieron con el estruendo; hoy sabemos que todo esto fue hecho por Dios para demostrar su gloria y su poder, y además afianzar la fe de los primeros cristianos, pero en esa ocasión, para el carcelero era algo de lo cual dependía su vida, por eso intentó suicidarse, pero escucha a Pablo quien le dice que no se haga daño, pues todos los presos estaban allí. El carcelero muy angustiado por las circunstancias, temblando, saca a Pablo y a Silas, y pregunta: “¿qué debo hacer para ser salvo?” (vv 30), quizás la misma pregunta que hoy muchos se hacen, debido a su condición de vida.
En el versículo 31, leemos la crucial respuesta a la interrogante del carcelero: “Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa”, pero ¿cómo escapar de algo que él merecía?, y además la respuesta incluye que la bendición de creer no solo es para él, sino también para su familia. Hoy, al igual que en ese entonces, solo basta con creer en Jesucristo, y seremos salvos de la muerte eterna que merecemos por causa de nuestros pecados, pero Jesús murió en nuestro lugar, y nos ha dado de su vida eterna. Solo debes creer. Esperamos por ti.
Pr. Herman Gajardo P.


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