“Entonces los judíos que no creían, teniendo celos, tomaron consigo a algunos ociosos, hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo. Pero no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá;”

Hechos 17:5-6

El apóstol Pablo, junto a Silas, llegaron a Tesalónica para compartir, con quienes se pudieran juntar, y enseñar que Jesús era el Cristo, pero, como ya hemos visto y aprendido, el enemigo no descansa en su afán de atacar a los creyentes y acallar la verdad, en los versículos que hoy leemos, dice que un grupo de judíos, que no creían, pero que tenían celos de la labor efectuada por Pablo y los creyentes de Jesús, contratan a hombres ociosos, “hombres malos, y juntando una turba, alborotaron la ciudad; y asaltando la casa de Jasón”, o sea, claramente es la misma estrategia utilizada por los habitantes de Sodoma y Gomorra en contra de Lot (leer Genesis 19:1-9). El enemigo insistirá una y otra vez en causar daño sin importarles las consecuencias.

Pero Pablo y Silas no estaban en casa de Jasón, por lo tanto “trajeron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad, gritando: Estos que trastornan el mundo entero también han venido acá”; la luz hace retroceder las tinieblas, la verdad incomoda a los que viven engañados, y su reacción es evitar el ser encandilados por la luz, evitar ser sorprendidos en su maldad, y quieren seguir sumergidos en las tinieblas, y atacan a los que hemos conocido la verdad y hemos sido libres.

Pr. Herman Gajardo P.