“7. Todo lo que a mí se refiere, os lo hará saber Tíquico, amado hermano y fiel ministro y consiervo en el Señor,
8. el cual he enviado a vosotros para esto mismo, para que conozca lo que a vosotros se refiere, y conforte vuestros corazones,”
Colosenses 4:7-8
Los versículos que leemos hoy, marcan el inicio de la despedida del apóstol Pablo, al terminar su carta escrita a la iglesia en Colosas, y, sabiendo del interés de los hermanos por su situación, considerando que Pablo estaba preso al escribirla, la envía con Tíquico, un amado hermano, y fiel ministro y consiervo, en el Señor, a quien le encarga que le hable a los hermanos acerca de todo lo que él estaba viviendo, soportando, sufriendo, pero gozoso de saber todo lo que Dios estaba haciendo a través de su persona. No era fácil para Pablo el tener que soportar tanto sufrimiento, pero el propósito de Dios se estaba cumpliendo, y para Pablo nada era más importante que el ser útil en manos del Señor. Tremendo ejemplo para nosotros hoy, que muchas veces tenemos dramas y dificultades para seguir adelante, pero Pablo con su vida, con su determinación, es un claro referente, para que a pesar de todo, miremos hacia arriba, de dónde viene nuestro socorro y sigamos adelante.
Pero Tíquico, también tenía la misión de conocer el estado de la iglesia naciente, en medio de la persecución imperante, Pablo quería saber cómo estaban enfrentando las dificultades, cómo estaban subsistiendo, de que manera seguían compartiendo el evangelio, de cómo seguían siendo la iglesia del Señor en esa localidad, pero también Tíquico, tenía en su boca una Palabra de bendición, una Palabra de ánimo, una Palabra para confortar tantos corazones heridos, maltratados, perseguidos por causa del Evangelio, pero la poderosa unción del Espíritu Santo estaba con ellos para fortalecerlos, y también hoy, está con nosotros.
Pr. Herman Gajardo P.


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