“17. Vano para salvarse es el caballo; La grandeza de su fuerza a nadie podrá librar.”
Salmo 33:17
Que tremenda declaración hace David, en este versículo que leemos hoy, pues nos vuelve a confrontar en nuestra opinión sobre en qué confiamos, y nos escribe: “Vano para salvarse es el caballo”, pues nuestra confianza para lograr algo no puede estar en un valiente caballo de guerra, en un moderno automóvil, o en aquello que nos hace sentirnos seguros. Hay muchos que prefieren confiar en sus logros, en su capacidad, ya sea intelectual o física, y hasta se jactan de ello, pero eso no es lo que las Sagradas Escrituras nos enseñan, pues solo en Dios debemos confiar. Además, el versículo aclara que: “La grandeza de su fuerza a nadie podrá librar”, con esto entendemos que nada ni nadie puede salvarnos de la decadencia moral que impera en el mundo hoy, ni nuestros esfuerzos, ni nuestro intelecto, y Dios sigue dándonos sus directrices: “Se complace Jehová en los que le temen, Y en los que esperan en su misericordia” (Salmo 147:11).
No debemos hacer enojar a Dios con nuestras propias determinaciones, con nuestras propias filosofías de vida, ni con nuestras sinceras ideas de amor y futuro, pues solo Dios es el indicado para poner nuestra confianza, y Él sigue esperando por nosotros, a pesar de nuestra tozudez, a pesar de nuestra negligencia, Dios sigue dándonos la posibilidad de ser salvos, de ser felices, de proyectar nuestro futuro a su lado,
pero si no creemos en Él, ni en su Palabra, y transgredimos sus mandamientos, entonces quedamos fuera de su cobertura, y es allí donde obligadamente solo nos queda confiar en lo que podamos hacer lejos de casa, lejos de su sustento, lejos de su protección… Vuelve a casa, vuelve a sus brazos, Dios sigue esperando por ti.
Pr. Herman Gajardo P.


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