“33. Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos.”
Hechos 4:33
El versículo que leemos hoy comienza con gran entereza y autoridad narrando los acontecimientos del Espíritu Santo que estaban sobrepasando la capacidad de asombro de todos, pues dice: “con gran poder los apóstoles…”, o sea, no se trataba de algo que pasara desapercibido, no eran solo intentos de sanar a algún enfermo, no eran acciones que a nadie le importaran, sino que eran señales y prodigios que sólo el poder del Espíritu Santo actuando en ellos podría hacer, no era un poder o capacidad de los apóstoles y discípulos de Jesús, era Dios mismo con nosotros, que a través del Espíritu Santo en cada uno de ellos marcaba la diferencia, era el Espíritu Santo tomando posesión del cuerpo de Cristo, esto es la Iglesia, era el Espíritu Santo dándole forma y estructura a la Iglesia naciente, de manera que su fundamento solo fuese Jesucristo, tal como Él lo había dicho: “sobre esta roca, (sobre ese fundamento, declarado por Pedro: Tú eres el Cristo, el hijo del Dios Viviente) edificaré mi Iglesia” (Mateo 16:18).
Para ratificar la supremacía de Jesús, el versículo completo dice: “Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos”, de lo que hablaban, predicaban y compartían los apóstoles y discípulos, era acerca de la resurrección de Jesús, y al hacerlo, la gracia de Dios, la complacencia de Dios, se manifestaba en ellos con abundancia, y todo esto era notorio en cada uno de ellos, su testimonio era inherente a la transformación experimentada en ellos, y el Espíritu Santo les guiaba en lo que tenían que decir y hacer. De la misma manera que en ese entonces, hoy también el Espíritu Santo sigue en control de todo, por lo cual, debemos estar dispuestos y sensibles a su voluntad.
Pr. Herman Gajardo P.


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