“1. Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo.
2. Cuanto más yo los llamaba, tanto más se alejaban de mí; a los baales sacrificaban, y a los ídolos ofrecían sahumerios.
3. Yo con todo eso enseñaba a andar al mismo Efraín, tomándole de los brazos; y no conoció que yo le cuidaba.
4. Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida.”
Oseas 11:1-4
Siempre hablamos que Dios nos ama, que Dios es amor, que su amor es eterno, que nos amemos unos a otros, que el amor hecha fuera el temor, y tantos escritos de amor encontramos en diferentes libros de la Biblia, pero los versículos de hoy nos hablan de una demostración de amor de parte de Dios que de verdad son un referente para compararnos de qué manera nosotros amamos.
Al leer nuevamente estos versículos, se nos viene a la mente que es un escrito muy poético, muy tierno, y que no parece real, comparado con cómo nosotros asociamos y usamos la palabra amor. Pero aquí Dios nos da una clase magistral de cómo Él ama, pues el escrito describe que Él amó a Israel antes que creciese como nación, y que de Egipto lo sacó y les dió libertad y una tierra para vivir, y aunque Israel no fue fiel y se fue en pos de otros dioses, como los baales, incluso agrega que Él le enseñó a caminar e Israel no se dió cuenta.
Quizás a nosotros también nos pasa que no nos damos cuenta de cuánto nos ama el Señor, de cómo sus brazos están constantemente extendidos hacia nosotros para enseñarnos a caminar y nosotros somos infieles con Él. Sin embargo, a pesar de nuestra forma de ser, el amor de Dios se mantiene intacto, y en el versículo 4 dice: “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor; y fui para ellos como los que alzan el yugo de sobre su cerviz, y puse delante de ellos la comida”. Maravilloso Dios de amor.
Pr. Herman Gajardo P.



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