“3. Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia.”
Jeremías 31:3
Qué tremenda declaración de amor nos hace el Señor, y además queda por escrito en este versículo que leemos hoy. El profeta Jeremías tuvo que vivir episodios lamentables en su vida, el entorno en que le tocó ser la voz de Dios para el pueblo, que una y otra vez se olvidaban de sus mandamientos, que sucumbían ante sus enemigos, eran llevados cautivos, y eran oprimidos continuamente, y en medio de eso Jeremías entregaba palabras de direccionamiento de parte de Dios para su pueblo, pero nadie escuchaba, y preferían hacer lo que a ellos les parecía mejor, tanto así que aún el propio profeta era confrontado para seguir creyendo sin ver una respuesta, pero, a pesar de todo, Dios estaba ahí, estaba con el profeta, y lo animaba a seguir adelante, y en esta ocasión recuerda que Dios mismo un día le dijo: “Con amor eterno te he amado”, y eso, sedujo totalmente a Jeremías.
El oír la voz de Dios diciéndonos esas maravillosas palabras, realmente nos desarma, nos deja sin palabras, nos embarga el corazón, y tal como dijo Jeremías, somos seducidos por su amor. Que tremendo es saber que el inmenso amor de Dios aún sigue vigente para cada uno de nosotros, y además, al seguir leyendo, en el mismo versículo, nos dice: “por tanto, te prolongué mi misericordia”, o sea, no solo nos compromete su amor eterno, sino también su gran misericordia, la cual necesitamos cada día por nuestra incapacidad de ser fieles y leales al Señor y a sus preceptos y mandamientos, aunque nos esforzamos… pero como nos recuerda el apóstol Pablo “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).
Pr. Herman Gajardo P.


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