“11. Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros.
12. Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque éste era el que llevaba la palabra.”
Hechos 14:11-12
El creer en muchos dioses era algo habitual en la gente de Listra, que era una ciudad situada en Licaonia (actual Turquía). Los dioses de la mitología Griega fueron influyentes en la mitología Romana, los cuales eran similares pero con otros nombres, además, los nombres de los planetas del sistema solar se denominan en honor a ellos. Cuando la gente supo acerca del milagro ocurrido, en un cojo de nacimiento que comenzó a caminar, hubo una tremenda conmoción, y eso es lo que leemos hoy en el versículo 11: “Entonces la gente, visto lo que Pablo había hecho, alzó la voz, diciendo en lengua licaónica: Dioses bajo la semejanza de hombres han descendido a nosotros”, para ellos, lo acontecido sólo podía ser obra de algún dios que ellos veneraban.
En el versículo 12, dice: “Y a Bernabé llamaban Júpiter, y a Pablo, Mercurio, porque éste era el que llevaba la palabra”, el dios Jupiter para ellos era el símil del dios Zeus de los griegos, y en apariencia vieron a Bernabé como el padre de Pablo, considerando que en su mitología Jupiter era el padre de Mercurio. Hoy, de la misma manera, hay quienes al saber de algún milagro de Dios, comienzan a agradecerle a algún dios, o personaje venerado como santo, y no le dan la gloria que se merece al único Dios Verdadero y a su hijo Jesucristo, pues nadie más tiene poder ni tampoco puede interceder por nosotros (Hechos 4:12).
Pr. Herman Gajardo P.


Sé la primera persona en compartir una reflexión.