“16. Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría.
17. Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían.”
Hechos 17:16-17
Pablo había viajado a Atenas, después de huir de Berea, estaba solo, y esperaba que Silas y Timoteo se le volvieran a unir allí, mientras tanto recorría la ciudad, pero, algo le llamó la atención, el versículo 16, del párrafo bíblico que leemos hoy, dice: “Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría”, tremendo, impactante, la reacción de Pablo es la normal frente a ver tanta idolatría, pues él sabía que Dios aborrece explícitamente todo tipo de idolatría (Deuteronomio 4:15-19), por lo cual, para Pablo era insoportable todo lo que veía. Quizás podemos pensar que los atenienses no conocían a Dios ni a su mandamientos, y que por eso tenían a tantos dioses a los cuales veneraban, pero Pablo conocía al único Dios verdadero, y hasta conversó con Él, y lo único que ahora quería hacer era darlo a conocer, a judíos y a extranjeros.
En el versículo 17, leemos: “Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían”, Pablo tenía muy claro quién era Jesús, y como sabía y conocía perfectamente la ley mosaica, y todos los escritos de los profetas, y toda la Palabra escrita habla solo de Jesucristo. Hoy al igual que en Pablo, hay también en nosotros, los que conocemos a Jesús, un sincero celo por darle a conocer, y que los idólatras, aquellos que veneran a ídolos, conozcan de verdad a Jesús.
Pr. Herman Gajardo P.


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