“48. El que me libra de mis enemigos, Y aun me eleva sobre los que se levantan contra mí; Me libraste de varón violento. 49. Por tanto yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová, Y cantaré a tu nombre.”

Salmo 18:48-49

La grandeza y misericordia de Dios no se puede condensar en un par de versículos, ni en una canción, ni en un poema, ni en un salmo, pues no es posible medirla, ni tampoco bastaría con cantar millones de canciones declarando su majestuosidad y pensar que ya nada más se puede decir de quien es Dios. En la Biblia encontramos que “las misericordias del Señor se renuevan cada mañana“ (Lamentaciones 3:22-23), en otras palabras, Dios no tiene límites, no es posible medirlo, Él es eterno, ni tiene principio ni tiene final, “Él habita en la eternidad” (Isaías 57:15). David fue entendiendo como era Dios y lo magnificaba, lo disfrutaba, y le escribía salmos y salmos exaltando su bondad y su constante cuidado y protección.

En el versículo 48, que leemos hoy, David escribe: “El que me libra de mis enemigos, Y aun me eleva sobre los que se levantan contra mí”, no era su capacidad guerrera que lo hacía invencible, era Dios que peleaba por él. También agrega: “Me libraste de varón violento”, reconociendo su cuidado para con él. En el versículo 49 escribe: “Por tanto yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová, Y cantaré a tu nombre”, o sea, yo me comprometo a publicar tus maravillas, tus atributos daré a conocer, y cada día cantaré a tu nombre, no importa si es de día o es de noche, si todo va bien o si todo está mal, solo a ti cantaré, y te alabaré, y te adoraré, y nada ni nadie me impedirá hacerlo. Yo también me comprometo a hacerlo… ¿Y tú?… ven a adorar a Dios con nosotros.

Pr. Herman Gajardo P.