“46. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,
47. alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”
Hechos 2:46-47
Es interesante leer el versículo 46, donde nos dice: “Y perseverando unánimes”, si se fija bien, no solo se trata de ser perseverantes, como ya lo hemos visto en otras ocasiones, sino que agrega la palabra “unánimes”, o sea en un mismo sentir, en un mismo ánimo, en un mismo objetivo común, habían creído en la promesa que les hizo Jesús, habían esperado día tras día, no sabían cuándo llegaría, solo tenían que esperar, y lo hicieron, por eso estaban juntos, por eso comían juntos, compartiendo lo que tenían, el aposento alto era su casa ahora, nada era más importante que lo que estaba sucediendo, el Espíritu Santo los había llenado de poder y autoridad, no perderían el tiempo volviendo a casa, ni a sus quehaceres, su vida ahora estaba en Cristo, ya ninguna otra cosa querían hacer, solo permanecer juntos para ser direccionados directamente por el Espíritu Santo a través de los apóstoles, pues necesitaban ser fundamentados en Cristo, entender lo que Cristo era y obedecer su mandato de dar a conocer el evangelio a todo el mundo.
En el versículo 47, nos dice que todo esto había provocado en ellos un tremendo gozo, y alababan a Dios juntos, y todo el pueblo que les veía y les escucha, estaban siendo contagiados con este maravilloso mover de Dios, y muchos que no habían creído a la predicación de Jesús, ahora comenzaban a creer, a arrepentirse, a reconocer a Jesús como el Hijo de Dios, como el Señor, y como El Salvador, “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. Tremendo. Glorioso. Y hoy, Dios sigue esperando por ti, ven a los brazos del Padre.
Pr. Herman Gajardo P.


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