“8. Porque Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros con el entrañable amor de Jesucristo.”
Filipenses 1:8
En este versículo que leemos hoy, el apóstol Pablo nos habla desde su corazón, pues de verdad en él se había despertado un entrañable amor por cada uno de los que se convertían a Cristo, pues Pablo en sus viajes misioneros predicaba el evangelio y muchos se convertían, y él se transformaba en el referente de los nuevos cristianos, pues ellos se habían convencido al escuchar su tremendo testimonio, y también al ver las maravillas que Dios hacía por su mano. Al ver esto, Pablo se maravillaba de saber que esas personas ahora eran salvos de la ira venidera, pues Dios los había rescatado de la oscuridad en que vivían y los había traído a su luz admirable (1 Pedro 2:9), y eso se traducía en un sentir inmenso de amor por cada uno de ellos, como de un padre cuando nace un hijo.
En el versículo, él escribe: “Porque Dios me es testigo de cómo os amo a todos vosotros”, o sea, pone a Dios como testigo de que lo que afirma es verdad, no son palabras lisonjeras, no es un argumento para caer simpático, es verdadero amor que fluye de nosotros cuando Jesús reina en nuestros corazones, pues precisamente, así termina el versículo: “…con el entrañable amor de Jesucristo”, o sea, no es nuestro amor, no es como el concepto de amor humano, que es interesado, y debe ser correspondido, Pablo aquí está hablando de amor genuino, ese amor que Jesús nos dejó como un mandamiento, el cual debe cumplirse si o si, pero que fluirá de nosotros solo si Jesús tiene el control total de nuestros sentimientos. Maravilloso amor de Dios que está en nosotros.
Pr. Herman Gajardo P.


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