“6. Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.”
Colosenses 4:6
En este versículo que leemos hoy, el apóstol Pablo enfatiza nuevamente acerca de cómo debe ser nuestro trato con los demás, a quienes, como nos enseña en otra carta: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Filipenses 2:3), por lo cual, hoy nos dice: “Sea vuestra palabra siempre con gracia”, que lo que digamos sea con con amabilidad, con respeto, de manera que aunque estemos aclarando alguna situación, o llamando la atención a alguien que lo necesita, nuestra palabra sea escuchada, de manera que nuestro interlocutor la entienda, y la ponga en práctica. Además, el versículo agrega: “sazonada con sal”, de manera que, como al comer nos gusta paladear y que la sazón sea agradable al paladar, la palabra dicha por nosotros sea agradable de oír, comprensible, entendible, y acatable, para que sea de provecho.
Luego, el versículo termina con la siguiente declaración: “para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”, por lo tanto, este consejo es algo que debemos aprender, y también ponerlo en práctica en nuestro trato diario con nuestros semejantes, pues es algo necesario, para moldear nuestro carácter, y que cada día mostremos el cambio de nuestra antigua y vana manera de vivir, y que la sabiduría del Señor, nos enseñe a hablar solo lo que Dios ponga en nuestra boca, como dice el salmista: “Abre tu boca, y yo la llenaré” (Salmo 81:10). En los inicios de la Iglesia, en el libro de Hechos leemos que: “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios” (Hechos 4:31), y esto, nos enseña que debemos orar y el Espíritu Santo nos enseñará cómo debemos hablar.
Pr. Herman Gajardo P.


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