“8. Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová;”
Salmo 27:8
Cuando aprendemos a adorar al Señor, podemos entender que no se trata de cantar, ni se trata de estar alegre y exteriorizar nuestro gozo alabando a Dios, sino que adorar es mucho más que entonar cánticos con nuestra voz o con instrumentos musicales, pues adorar a Dios tiene que ver con nuestra actitud, con nuestra forma de ser, con el sentir de nuestro corazón, que es lo que el Señor escudriña. “Adorar al Señor en espíritu y en verdad”, nos enseñó Jesús, y esto se logra al estar en unidad en el Espíritu, pues esa es la instancia en que nuestro corazón gime por entrar en su Presencia, y David experimentó esto, por lo cual, en el versículo que leemos hoy escribe: “Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro”. Es a nuestro corazón que nos habla su Espíritu, y el corazón de David le dijo: “Buscad mi rostro”, y era Dios mismo hablándole, y es la misma indicación que el Espíritu nos hace hoy a nosotros.
David también escribió: “Buscad a Jehová y su poder; Buscad siempre su rostro” (Salmo 105:4), haciendo un énfasis especial en buscar el rostro del Señor, pues él había entendido la importancia y lo sublime que es buscar el rostro de Dios. En Amós 5:4 leemos: “Buscadme y viviréis”, buscar su rostro es buscarle a Él, y buscarle a Él es lo que debemos hacer para vivir, y vivir eternamente. David termina el versículo que leemos hoy diciendo: “Tu rostro buscaré, oh Jehová”, pues sabía que buscar el rostro del Señor era el enfoque de su vida, y lo es también para cada uno de nosotros; si usted aún no le ha dado la importancia debida a buscar el rostro del Señor, hoy es un buen día para comenzar y verá cómo Dios le sorprenderá.
Pr. Herman Gajardo P.


Sé la primera persona en compartir una reflexión.