
“18. Y sucedió que unos hombres que traían en un lecho a un hombre que estaba paralítico, procuraban llevarle adentro y ponerle delante de él.
19. Pero no hallando cómo hacerlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho, poniéndole en medio, delante de Jesús.
20. Al ver él la fe de ellos, le dijo: Hombre, tus pecados te son perdonados.”
Lucas 5:18-20
En momentos difíciles o críticos que podamos estar experimentando es cuando más necesitamos una mano amiga, para que nos anime, para que nos ayude, para que nos acompañe, para conversar, o simplemente para estar juntos. Los amigos juegan un papel muy importante en nuestras vidas, son aquellos con los cuales pasamos agradables momentos de camaradería que siempre recordamos y queremos repetir. Los amigos están ahí en los momentos importantes de nuestra vida, en nuestra niñez, en nuestra adolescencia, en nuestra juventud y cuando ya somos adultos. Todos tenemos buenos recuerdos de aquellas personas que en un momento de nuestra existencia fueron nuestros amigos.
En lo personal guardo gratos recuerdos de amigos de mi adolescencia y juventud, también tengo gratos recuerdos de algunos amigos que ya no están, porque lamentablemente fallecieron y ha sido penoso aceptar el que ya no están para volver a reírnos juntos, y disfrutar momentos junto a nuestras familias y otros amigos.
La historia que la Biblia hoy nos recuerda, es un acto de amistad de un grupo de amigos en que uno de ellos estaba enfermo, era paralítico, pero aún en esa triste condición el concepto de amistad estaba presente entre ellos, por eso cuando supieron que Jesús estaba en la ciudad se las ingeniaron para llevar a su amigo a cómo diera lugar delante de Jesús, con tal que pudiera tener la posibilidad de ser sanado milagrosamente. Y lo lograron.
La Palabra describe que Jesús al ver la fe de estos amigos, en esa determinación de incluso romper el techo de la casa donde estaba Jesús predicando, para bajar con cordeles y permitir que su amigo pudiera quedar frente a quien podía cambiar su condición, y dice: “tus pecados te son perdonados”. Pero no era eso lo que estos hombres ni ninguno de los que estaban allí esperaban, ellos querían ver otro milagro de sanidad por parte de Jesús. Pero quedan inquietos por lo que Jesús declara, pues ¿cómo un hombre podía perdonar pecados?. Pero Jesús, conociendo lo que se estaba comentando, le dice al paralítico: “levántate, toma tu lecho y vete a tu casa”.
Jesús no solo tenía poder para sanar a los enfermos, Él vino a salvarnos, por lo cual también tenía y tiene autoridad y potestad para perdonar pecados. Jesús quiso enseñar que lo importante es nuestra salvación, todo lo demás es secundario. Preocupémonos entonces de nuestra salvación, nuestra vida está en manos del Señor, no nos soltemos de su mano. Él es un buen amigo.
Pr. Herman Gajardo P.


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