“12. Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová, El pueblo que él escogió como heredad para sí.”

Salmo 33:12

En este versículo que leemos hoy, David escribe lo que en su corazón siente, lo que él anhela para que las naciones, los países, los pueblos, puedan vivir felices, en paz, en prosperidad, David, siendo rey, había aprendido que el reinado del pueblo de Israel no dependía de él, sino de Dios, el cual era su fortaleza, su roca firme, su socorro, su guía, y todos sus logros aún antes de ser rey, también David glorifica a Dios y le da toda la honra, declarando que sin Dios con él, nada hubiese podido alcanzar. Y esto, para nosotros, es un referente que debemos adoptar, pues es Dios quien pelea nuestras batallas, y cómo dijo David: “Contigo desbarataré ejércitos, Y con mi Dios asaltaré muros” (Salmo 18:29), y también: “Quien adiestra mis manos para la batalla” (Salmo 18:34). Necesitamos a Dios con nosotros, Jesús es Dios con nosotros, Él es Emanuel.

David declara: “Bienaventurada la nación cuyo Dios es Jehová”, pues pues los que confían en el Señor, tienen el favor de Dios, y estarán siempre protegidos de los ataques del enemigo, y estarán seguros, y tendrán alegría, y paz, pues: “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). Si al igual que David, los gobernantes de las naciones del mundo de hoy, pusieran su confianza en Dios y obedecieran sus decretos y mandamientos establecidos en la Biblia, aquellas naciones serían bienaventuradas, serían felices, y no tendrían la incertidumbre de futuro que ahora experimentan. Si tú temes a Dios y vives de acuerdo a sus principios, entonces tu, junto a tu familia, la cual es tu nación, pueden estar tranquilos, pues la paz del Señor gobernará en tu corazón, y eres bienaventurado, pues tu, y los tuyos, son “El pueblo que Él escogió como heredad para sí”.

Pr. Herman Gajardo P.