“26. A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.”
Hechos 3:26
El Plan de Salvación diseñado por Dios, abarca a toda la humanidad, para los que vivieron antes de Cristo, para los de su generación, y también para nosotros hoy, o sea, Jesús muere en la cruz en pago de todos los pecados del mundo, cumpliendo así lo profetizado por Isaías, que escribió: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5), aclarándonos que su bendición consiste en salvarnos de la condenación eterna por causa del pecado, como lo enseña su Palabra al decir: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23), y “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron” (Romanos 5:12), por lo cual, el versículo que leemos hoy, nos dice: “A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese”, Amén..!! Jesús es nuestra Salvación, Jesús es nuestra esperanza de Gloria..!!
Luego, el versículo de hoy, termina con la siguiente declaración: “a fin de que cada uno se convierta de su maldad”, dándonos a entender que para ser partícipes de esta tremenda y gloriosa bendición, debemos convertirnos de nuestra maldad, en otras palabras, no basta con saber de Jesús y de su muerte por nosotros, también debemos ser confrontados personalmente con nuestra manera de vivir, y arrepentirnos de nuestros pecados, pues, de ninguna otra manera podremos ser salvos, ni haciendo el bien a muchos, ni asistiendo a una iglesia, ni nada que nosotros estimemos conveniente hacer, lo que debemos saber y tener claro es que debemos reconocer que somos pecadores, que necesitamos un Salvador, arrepentirnos de nuestras maldades, y creer que Jesús murió en nuestro lugar, y reconocerlo como nuestro Señor y nuestro Salvador.
Pr. Herman Gajardo P.


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