“5. Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo estuvo atento.

6. Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra.

7. Y los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar.

8. Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.”

Nehemias 8:5-8

Desde pequeños hemos sido enseñados a poner atención cuando se nos enseña algo, especialmente nuestros padres se han esmerado en que aprendamos correctamente lo que ellos nos enseñan. Luego en nuestra etapa estudiantil somos evaluados para ir viendo nuestro aprendizaje, hasta que hayamos entendido bien la materia enseñada. Y esto es algo normal en nuestra existencia.

Cuando hablamos de la Palabra de Dios, o sea la Biblia, de la misma manera debe haber en nosotros el concepto de entenderla, obedecerla y aplicarla en nuestra vida diaria. En los versículos que leímos, el pueblo de Israel estuvo atento a la lectura de la Palabra, además dice que se humillaron y adoraron, pues entendieron que oír la Palabra era algo sublime y mostraron respeto, además habían personas que explicaban y ponían el sentido de manera que se entendiese claramente.

Hoy necesitamos de personas que nos expliquen claramente la Palabra de Dios, de manera de entender lo que Dios nos quiere enseñar, de la misma manera que Jesús explicaba el evangelio de la salvación a sus seguidores. Muchas veces la Palabra de Dios es rechazada por el simple hecho de que no la entienden, quizás sumado al hecho de tantas filosofías vanas que escuchamos, pero oír y estar atentos al mensaje de Dios es lo que cada uno de nosotros realmente necesita.

Pr. Herman Gajardo P.