“7. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?

8. ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?”

Hechos 2:7-8

La venida del Espíritu Santo, en cumplimiento de la promesa, causó una tremenda conmoción, primero en la hermandad reunida en el aposento alto, y también en toda la ciudad de Jerusalén, incluyendo a los residentes y a los turistas, pues, al oír el estruendo  y ver a los discípulos de Jesús que cada uno de ellos hablaba en un idioma diferente, estaban todos realmente asombrados, el versículo 7, al respecto, dice: “Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?”, todos sabían que los discípulos eran judíos de Galilea, y era gente de pueblo, sin estudios de idiomas extranjeros, pero de pronto todos hablaban en otros idiomas, lo cual los deja perplejos, preguntándose cómo puede ser esto, pues en apariencia ninguno reunía los requisitos para ser bilingües, o no les veían la capacidad a ninguno como para aprender idiomas.

En el versículo 8, del párrafo bíblico que leemos hoy, dice: “¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?”, esta frase con seguridad la pronunciaron los extranjeros allí residentes, y también los que venían para participar de las fiestas judías. Quizás no era la primera vez que ellos veían a los seguidores de Jesús, pero ahora algo inusual están viendo y oyendo, de manera que no salían de su asombro, tal vez algunos se maravillaron, pero muchos, en su incredulidad, se burlaron. Lamentablemente, esa odiosidad en contra de los cristianos perdura hasta el día de hoy, pero nada nos debe amedrentar para seguir llevando la palabra del evangelio de salvación, que está más vigente que nunca para todo el que quiera creer.

Pr. Herman Gajardo P.