“36. Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?

37. Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.”

Hechos 8:36-37

Una de las cosas fundamentales del evangelio de Jesucristo es que, después de creer en Jesús y en su muerte expiatoria por nuestros pecados, debemos ser bautizados, y esta verdad, el eunuco de la historia que estamos analizando, recién la estaba comprendiendo por Felipe, quien le estaba explicando las escrituras y de como todas ellas hablan de Jesús, por lo cual, el versículo 36 dice: “Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?”, y esta comprensión y anhelo de obedecer los mandatos instituidos por Jesús, solo es posible con la ayuda del Espíritu Santo en nosotros, pues “él nos enseñará todas las cosas” (Juan 14:26), por eso debemos darle la importancia debida a la necesidad de contar con la unción del Espíritu Santo en nuestra vida, de lo contrario solo seremos conocedores de la Palabra, pero no hacedores, cumplidores de la Palabra.

El versículo 37, nos muestra la respuesta de Felipe ante la firme determinación del eunuco etíope: “Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes”, y esto es importante tenerlo en cuenta, pues el que cree debe hacerlo de todo corazón, o sea, totalmente convencido de que necesita a Dios en su vida, de manera que su decisión sea sincera, y en obediencia al mandato de Jesús bautizarse para simbolizar de esa manera nuestra muerte y resurrección en Cristo Jesús, Señor nuestro, tal como lo dice el apóstol Pablo en su carta a los Romanos: “Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Romanos 6:4).

Pr. Herman Gajardo P.