“17. Sin embargo, para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a hombre alguno en este nombre.
18. Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús.”
Hechos 5:17-18
Es interesante darnos cuenta, al leer estos versículos de hoy, que la férrea decisión de los opositores al evangelio, en los inicios de la Iglesia, fue tremendamente agresiva, y los intentos de persuadir a los creyentes de dejar de compartir el evangelio fueron totalmente infructuosos, y no debido a la valentía y sabiduría que tenían estos cristianos, sino que todo era debido al poder del Espíritu Santo que había sido derramado sobre ellos, lo cual había transformado la vida de los creyentes haciéndoles ver y experimentar lo grandioso de ser guiados por el Espíritu Santo. En el versículo 17 dice: “Sin embargo, para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a hombre alguno en este nombre”, demostrando así, su nula capacidad de frenar el ímpetu que había comenzado en aquellos ciento veinte seguidores de Jesús que fueron investidos de poder de lo alto.
La única opción que les quedó a los religiosos fue la amenaza, la amedrentación, la intimidación, el miedo a las represalias, con la ingenua esperanza de que estos revoltosos dejaran de pregonar el evangelio y que no usaran el Nombre de Jesucristo. Las mismas artimañas del enemigo en ese entonces, son las que hoy estamos experimentando, por lo cual les animo desde aquí a que sean perseverantes, y sigan adelante en el propósito para el cual Dios nos ha llamado. El Espíritu Santo está con nosotros y en nosotros.
Pr. Herman Gajardo P.


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