“17. Esto os mando: Que os améis unos a otros.

18. Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros.

19. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece.

20. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.

21. Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado.”

Juan 15:17:22

Amar es un mandamiento. O sea debemos amar si o si. Un momento dirán muchos, el amor es un sentimiento, es algo que debe fluir. Otros han ido más allá y han establecido que un matrimonio depende del amor que se profesen los cónyuges, y si el amor se termina entonces el matrimonio se termina. Y lo que siempre se sabía que el matrimonio era “hasta que la muerte los separe”, se cambió por “hasta que el amor se acabe”.

Es lamentable que lo enseñado por Jesús, cuando estuvo entre nosotros, esté quedando de lado y poco a poco los planteamientos nacidos del “sentir” humano prevalezcan y los conceptos establecidos en la Palabra solo pasen a ser una “cultura religiosa”, y si nosotros, los que creemos en Dios, queremos vivir de acuerdo a lo que el Señor nos enseña, entonces pasamos a ser “raros”, personas fanáticas, y nos aíslan, nos menoscaban y no nos quieren. Todo esto Jesús ya lo había advertido.

El Señor termina su enseñanza diciendo que todo esto sucede porque no han conocido a Dios. Una antigua canción decía: “conocerle, es amarle...”. Si le conociésemos todo sería diferente. Su Palabra dice que “Dios es amor”, eso quiere decir que si tenemos a Dios entonces tendremos amor. Si el amor falta en nosotros o en nuestro matrimonio, es porque falta Dios en nosotros y en nuestro matrimonio.

Conocer a Dios es indispensable para nuestra existencia. Cuando le conozcamos amaremos incluso a nuestros enemigos. “Amaos los unos a los otros” ordenó Jesús. Entonces, en obediencia a su Palabra que abunde el amor entre nosotros.

Pr. Herman Gajardo P.