“8. Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis;
9. pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores.”
Santiago 2:8-9
El obedecer los mandamientos, y cumplir con los preceptos bíblicos, determinados por Dios para nosotros, tiene que ver con cuánto conocemos a Cristo, pues nuestras buenas intenciones, el querer agradar a Dios de todo corazón, pero sin haber entendido “el espíritu de la ley”, entonces sólo será para nosotros un conocimiento, pero no un estilo de vida de acuerdo a lo que el evangelio nos enseña, por lo cual debemos adentrarnos en Cristo de tal manera que ya no seamos nosotros sino Él en nosotros, como el apóstol Pablo lo enseña y nos dice: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20), y ahí reside el saber la ley, obedecerla, y ponerla en práctica, pues nosotros no podremos cumplir, pero Jesús venció por nosotros, y nos hizo “más que vencedores”.
En los versículos que leemos hoy nos confronta y anima a cumplir con la ley, y nos da el ejemplo de amar a nuestro prójimo, y si lo hacemos, estaremos cumpliendo con la ley, pero nos enseña que no debemos de hacer acepción de quienes son nuestros prójimos, pues si lo hacemos cometemos pecado, y por consiguiente, quedamos convictos de la ley al transgredirla, con esto entendemos claramente que la enseñanza es no hacer ningún tipo de acepción de personas, incluso, si en nuestro propio pensamiento tengamos ciertas aprehensiones con algunas personas, que hayan hecho algo indebido, la misericordia de Dios es inmensa y si ellos se han arrepentido, debemos tener la seguridad que Dios los ha perdonado, y nosotros debemos recibirlos como hermanos y amarlos. Dios no hace acepción de personas, nosotros tampoco debemos hacerlo.
Pr. Herman Gajardo P.


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