“9. El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. 10. El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. 11. Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.”

1 Juan 2:9-11

En los versículos que leemos hoy, Juan nos enfatiza la importancia de amarnos pues, al no hacerlo, estaremos en problemas en nuestra relación con Dios. En el versículo 1, dice textualmente: “El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas”, o sea rotundamente nos pone frente a frente con el Señor, el cual nos mira fijamente a los ojos… si decimos que ahora el Señor nos trajo a su luz admirable, y nos jactamos de ello, y lo pregonamos, pero algo tan sutil como el no querer a un hermano, sea cual sea el motivo que tengamos para hacerlo, de inmediato nos deja en una posición de tinieblas, como nuestra pasada manera de vivir.

En el versículo 10, Juan nos dice: “El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo”, o sea, para realmente ser referentes de un verdadero hijo de Dios, debemos amar a nuestro hermano, pues solo así podremos permanecer en la luz, y no seremos tropiezo para nadie. Que interesante es entender esto que Jesús estableció como un nuevo mandamiento: “Amaos los unos a los otros”, pues, si no amamos es porque aún estamos en tinieblas, y las sentidas razones que damos para afirmar nuestra postura, vienen a ser sólo rebuscadas excusas.

En el versículo 11, dice: “el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos”, y esto lo podemos comprobar una y otra vez, con aquellos que dicen servir al Señor, dicen andar en luz, dicen ser portadores de una Palabra de Dios, pero aborrecen a su hermano, lo menoscaban, lo desprecian, lo cual, la Biblia lo reconoce como alguien que está en tinieblas, y que desconoce adónde llegará, pues sus ojos están cegados… procuremos nosotros amar a nuestro hermano, y poder andar en su luz admirable.

Pr. Herman Gajardo P.