“4. Así te bendeciré en mi vida; En tu nombre alzaré mis manos.”
Salmo 63:4
David, como buen salmista innato, transforma todas sus vivencias en cánticos de alabanza y de adoración a Dios, pues sabe que su vida está en sus manos y todo está bajo su control, por lo cual predomina en él el exaltar al Señor siempre, no importando la adversidad o circunstancia que esté experimentando, David sabe que Dios es digno de alabar y se merece toda la honra y toda la gloria, y eso deja en segundo plano nuestras vivencias, tal como Jesús se lo recordó al diablo cuando estaba siendo tentado en el desierto: “Al Señor tu Dios adorarás y a Él solo servirás”, tenemos que adorar a Dios y tenemos que servirle, sin ambigüedades.
En el versículo que leemos hoy, David dice: “Así te bendeciré en mi vida”, ratificando su integridad y declarando que en todo tiempo habrá en su boca un canto de adoración al Señor, como lo vemos en muchos salmos que él escribió. Luego, en el mismo versículo, escribe: “En tu nombre alzaré mis manos”, no me quedaré quieto, no callaré quien es Dios para mi, compartiré con mi generación y con las generaciones venideras que Dios es Grande y Todopoderoso, que Él es Sublime, Excelso, Soberano, que Él es mi socorro, es mi roca fuerte… realmente David es un tremendo ejemplo de integridad, de corazón de adorador, de alguien que con su humildad y temor logró tocar el corazón de Dios. Imitémoslo.
Pr. Herman Gajardo P.


Sé la primera persona en compartir una reflexión.