“13. Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia; pero Juan, apartándose de ellos, volvió a Jerusalén.”
Hechos 13:13
En apariencia todo estaba saliendo bien en este viaje misionero de Pablo, junto a otros hermanos que le acompañaban, la Palabra estaba siendo predicada, señales y prodigios eran hechos a través de ellos, el respaldo del Señor era poderoso e indesmentible, y ellos mismos eran fortalecidos y animados a seguir adelante al ver las maravillas y las directrices que el Espíritu Santo les entregaba, guiándolos en cada paso que debían dar, Amén..!!, todo bien, pero, cuando pensamos que el equipo está en un mismo sentir, que estamos todos en pos del objetivo trazado, algo sucede, quizás de la misma manera que muchos hoy pensamos que todo marcha bien, y dejamos de esforzarnos por mantener nuestra buena relación con Dios, y hasta nos exponemos a perder nuestro enfoque inicial.
En el versículo que leemos hoy, nos encontramos con la inesperada decisión de Juan Marcos, que acompañaba al grupo integrado por Pablo y Bernabé, pero de pronto, sin reconsiderar su postura, simplemente abandona el grupo, y se devuelve a Jerusalén. Qué frustrante fue para Pablo, y lo es también para nosotros hoy, que alguien que está con nosotros, alguien que trabaja a nuestro lado, de repente, desista de todo, y vuelva atrás, y desaparece, y le buscamos, y le decimos que recapacite, pero no hay respuesta sólida, solo evasivas. Oramos por aquellos que se han quedado a orillas del camino, para que Dios en su misericordia, vuelva a darles otra oportunidad, y vuelvan a casa, para volver a adorar al Señor juntos, y seguir siendo útiles en el ministerio.
Pr. Herman Gajardo P.


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