“24. Pero Tomás, uno de los doce, llamado Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino.
25. Le dijeron, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.
26. Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás. Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros.”
Juan 20:24-26
La impresionante aparición de Jesús, en el lugar donde estaban encerrados los discípulos, fue tremendamente relevante para animarles a seguir adelante con su cometido, pero Tomás, uno de los discípulos, no se encontraba con ellos cuando vino Jesús, por lo cual, cuando los demás le contaron que Jesús había resucitado, y todo lo sucedido, Tomas declara: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”…
Que lamentable es haber sido discipulado durante tres años por Jesús mismo, haber aprobado toda la enseñanza impartida, haber visto los milagros hechos por Jesús, haber comido del pan multiplicado sobrenaturalmente, haber escuchado una y otra vez a Jesús decir que Él moriría pero que al tercer día resucitaría, y ahora que estaba ocurriendo lo extraordinario de su resurrección, Tomás duda, y no cree lo que sus compañeros de discipulado le explican.
Lamentablemente Tomás se transformó en un referente de los que no creen si no lo ven con sus propios ojos, pues aún hoy, hay muchos que avalan su pecado de duda aduciendo: “Ver para creer, dijo Santo Tomás”, y piensan que eso es una buena cualidad, pero no es así. En el versículo 26, dice que ocho días después volvió Jesús a aparecerse a los sus discípulos, y en esta ocasión, sí estaba Tomás, y Jesús les vuelve a saludar diciendo “Paz a vosotros”, pues en la incertidumbre de lo que está sucediendo o está por suceder, la Paz del Señor es lo que necesitamos.
Pr. Herman Gajardo P.


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