“10. Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo,

11. sabiendo que el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio.”

Tito 3:10-11

Es muy interesante notar que la Palabra escrita es muy certera y, aunque para algunos quizás sea un poco dura, si se analiza bien, encontramos aquí plasmado el concepto de celo del Señor frente a situaciones que el pecado, tomando el control del corazón humano, pervierte el poder de decisión y al pecar, nos aleja de Dios y de los preceptos y mandamientos establecidos en su Palabra, por eso Dios mismo nos entrega las instrucciones precisas para mantenernos en santidad, la cual Jesús logró al morir en la cruz y limpiarnos de toda maldad, por lo cual, teniendo en Cristo las condiciones para permanecer en Él, no debemos ser permisivos con aquellas personas que causan divisiones, más aún, si la Palabra nos enseña que: “después de una y otra amonestación deséchalo”, o sea que, para mantener una sana convivencia congregacional, es nuestra responsabilidad el desechar a tal tipo de personas, pues solo producen daño en el cuerpo de Cristo.

Es lamentable tener que experimentar este tipo de situaciones, sobre todo con personas que aparentan ser fieles, leales y comprometidas con la obra del Señor, sin embargo su corazón dista mucho de ser íntegro, y al confrontarlos se deshacen en explicaciones, negando que hablan mal de sus autoridades, o de alguien, al resto de la hermandad. Es fuerte leer de estas personas en la Palabra, pues dice textualmente: “el tal se ha pervertido, y peca y está condenado por su propio juicio”, por nuestra parte no quisiésemos que ellos se pierdan, pero por causa de sus dichos, muchos buenos hermanos caen bajo sus dichos y engaños, y terminan por irse de la Iglesia, con las nefastas consecuencias que ello conlleva. Dios tenga misericordia de ellos y también de nosotros para permanecer fieles al Señor.

Pr. Herman Gajardo P.