“6. Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor.

7. Porque él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su prado, y ovejas de su mano. Si oyereis hoy su voz,

8. No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, Como en el día de Masah en el desierto,”

Salmo 96:6-8

Estos versículos, sin duda alguna, son un mandato irrefutable a adorar al Señor... venid, adoremos, postrémonos, arrodillémonos, son palabras imperativas, no son sugerencias, o sea si o si debemos cumplirlas..!!

¿Y porqué? porque Dios es Digno, porque Dios es nuestro Hacedor, Él nos hizo y no nosotros a nosotros mismos, como dice el Salmo 100, somos de Su propiedad, somos Sus ovejas y estamos en Sus prados, o sea todo es de Él y para Él. Nosotros fuimos creados para adorarle. La razón de ser de nuestra existencia es adorarle. Aunque haya algunos que piensen que la adoración es algo que uno hace en los cultos antes que se predique la Palabra, y confunden la adoración con música y cantos. Por eso es necesario saber quienes somos, de donde venimos y adonde vamos. Al entender nuestro rol de adoradores entonces esas grandes interrogantes son respondidas.

Dios se merece toda nuestra adoración porque a Él le pertenece la adoración. Dios no comparte su Gloria. Él sigue buscando adoradores que le adoren en espíritu y en verdad. “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones...” Dios espera cada día nuestra adoración... ven, adórale, póstrate, arrodíllate delante del Señor pues Él te creó para adorarle.

Pr. Herman Gajardo P.