
“17. Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cuál es tu nombre, para que cuando se cumpla tu palabra te honremos?
18. Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es admirable?”
Jueces 13:17-18
Estos versículos son parte de la maravillosa historia del nacimiento de Sansón, el hijo de Manoa y su esposa que era estéril. Obviamente fue un milagro producido por Dios par demostrar su grandeza y soberanía, pero la madre al ver al ángel del Señor y escuchar que tendría un hijo, queda tan impresionada que no atina a preguntar el nombre de ese ángel, aunque sabía que solo Dios podría haberlo enviado. Manoa ora al Señor y pide más información al respecto, y el ángel vuelve a aparecer le explica lo que debe hacer con el hijo que nacerá. Manoa le pregunta por su nombre, y la respuesta que recibe es “¿porqué preguntas por mi nombre, que es admirable?”.
Quizás un nombre para nosotros es importante, pero para Dios no es relevante, de alguna manera Dios nos hace ver que tenemos que aprender principios del reino de los cielos, donde todo es admirable... maravilloso, único, trascendente.
El profeta Isaías nos revela quien era este enviado del cielo, al profetizar de Jesucristo: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isaías 9:6)
Dios muestra su grandeza y su gran misericordia al querer acercarse a nosotros y darnos un Salvador. Quizás de alguna manera, Sansón fue un ejemplo de lo que Dios puede hacer con aquellos que ponen su confianza en Él y en el poder de Su fuerza.
El Admirable hoy está entre nosotros.
Pr. Herman Gajardo P.


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