“1. Después que cesó el alboroto, llamó Pablo a los discípulos, y habiéndolos exhortado y abrazado, se despidió y salió para ir a Macedonia.

2. Y después de recorrer aquellas regiones, y de exhortarles con abundancia de palabras, llegó a Grecia.”

Hechos 20:1-2

A pesar de todo lo adverso, ocurrido en Efeso, por causa de la predicación del evangelio, poniendo de manifiesto que Jesús es el único Dios verdadero, el apóstol Pablo, no se desmoralizó, ni bajó los brazos aduciendo que debido a las circunstancias adversas no era factible seguir compartiendo las buenas nuevas, sino que, en el versículo 1, que leemos hoy, dice: “Después que cesó el alboroto, llamó Pablo a los discípulos, y habiéndolos exhortado y abrazado, se despidió y salió para ir a Macedonia”, o sea, él llama a los discípulos (a los nuevos convertidos), los exhorta, los anima, y no solo eso sino también los abraza, demostrando así su amor fraternal y recordándoles que Dios está abrazándonos también a nosotros, para que nunca nos sintamos solos ni desvalidos.

Luego, en el versículo 2, leemos: “Y después de recorrer aquellas regiones, y de exhortarles con abundancia de palabras, llegó a Grecia”, que tremendo, Pablo igual recorre las regiones, y les exhorta “con abundancia de palabras”, Pablo enseña, corrige, exhorta, pero no de acuerdo a su sabiduría o su filosofía, no, él abundaba en la Palabra del Señor, la Palabra escrita que no se puede refutar, o sea, se oye, se cree, se obedece, y se pone en práctica… de esa misma abundancia, hoy les exhortamos a usted a creer que Jesucristo es el hijo del Dios verdadero.

Pr. Herman Gajardo P.