“1. Habiendo dicho Jesús estas cosas, salió con sus discípulos al otro lado del torrente de Cedrón, donde había un huerto, en el cual entró con sus discípulos. 2. Y también Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque muchas veces Jesús se había reunido allí con sus discípulos. 3. Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas. 4. Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis?”
Juan 18:1-4
La traición de Judas, es una de las acciones más detestables relatadas en la Biblia, si bien es cierto, era algo que estaba profetizado que iba a suceder, no lo hace menos aborrecible. La traición es un pecado difícil de detectar, hasta que ocurre. En el caso que estamos viendo, la traición marcó para siempre a una persona llamada Judas. Todos consideramos la traición como algo abominable, y entre cristianos pensamos que nunca debería ocurrir, sin embargo, todos estamos expuestos a ser traicionados, pues el enemigo, con su astucia, engaña aún a los escogidos y les insta a traicionar, a sus creencias, a sus compromisos, a sus autoridades, incluso a Dios mismo, y al hacerlo no se dan cuenta, hasta que las nefastas consecuencias llegan.
Jesús había ido a orar a ese huerto, y les pide a sus discípulos que le acompañen y le ayuden a orar. Jesús iba a conversar con su Padre, Él sabía lo que tendría que enfrentar, Él sabía de los sufrimientos que venían, Él sabía de la traición de Judas, pero siguió considerándolo uno de sus doce. Jesús sabía que se sentiría traicionado, negado, desolado, desconocido por quienes Él había sanado, alimentado, enseñado. Jesús incluso le pide al Padre que no quiere ir a la cruz… pero también le dice: “Padre, hágase tu voluntad, y no la mía”. Y ahora, después de orar, una turba viene por Él, y con ellos venía Judas, y Jesús pregunta “¿A quién buscáis?”, no como si no supiera, sino que porqué así, prendiéndole como un delincuente. Maravilloso Jesús, que todo lo sufrió por mi, y también por ti, y lo hizo solo por amor.
Pr. Herman Gajardo P.



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