“2. Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres.”

Tito 3:2

Difamar es hablar o escribir mal de alguna persona, y además considerando que lo que se dice es falso, enlodando el honor de esa persona. El versículo que leemos hoy comienza diciendo que: “Que a nadie difamen”, agregando un requisito más para quienes ocupen un cargo de autoridad en una congregación, pues deben ser personas dignas de imitar. El apóstol Pablo al escribir estas palabras a Tito, tenía muy claro la importancia de ser ejemplo para los demás, por lo cual, inspirado por el Espíritu Santo, sigue dando instrucciones necesarias para quienes somos temerosos de Dios y anhelamos servirle según su voluntad. Luego agrega: “que no sean pendencieros”, que no sean propensos a la riña, a pelear, a disgustarse con facilidad. Quizás alguien pensará que eso es obvio, pues no somos peleadores, pero muchas veces por defender un punto de vista, una doctrina, una exégesis, nos apasionamos y abrimos puertas para reñir, y dejamos de lado la paciencia, la bondad, la humildad, y el “ser amables”, que debe primar en nosotros.

Al entender estos principios, que son básicos en nuestra vida cristiana, no serán obligaciones a cumplir, sino un deleite servir al Señor con nuestra vida y dejar que Dios tome el control en nuestro accionar, de tal manera que se cumpla en nosotros lo que dice el final del versículo que leemos hoy: “mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres”, amén..!! que así sea..!! que seamos ejemplos en todo y que su gracia se manifieste cada día en nosotros y a nuestro alrededor, y seamos de bendición a muchos.

Pr. Herman Gajardo P.