“1. Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo,
2. a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.”
Colosenses 1:1-2
En esta carta del apóstol Pablo, dirigida a la Iglesia en Colosas, el apóstol, en el primer versículo que leemos hoy, enfatiza que él es un “apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios”, y esto pues muchos dudaban de su apostolado, considerando que él no fue un discipulo de Jesús, pero si, fue llamado de forma sobrenatural cuando Pablo perseguía a los primeros cristianos, y su vida cambió por completo. Muchos cristianos hoy, también han tenido un encuentro sobrenatural con Dios, y han sido llamados al ministerio de forma extraordinaria, pues así le plació a Dios, pero también hay muchos que se hacen llamar cristianos, pero ejercen una labor ministerial fraudulenta, pues no han sido llamados y apartados por Dios, pero con señales y engaños, cautivan a muchos que les siguen y participan de sus vanas palabrerías, muchas de las cuales son totalmente opuestas a los preceptos y mandamientos bíblicos, y la Biblia los denomina como falsos.
En el inicio de esta carta, Pablo, junto a Timoteo saludan a la Iglesia en Colosas y les llaman: “santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas”, por lo cual entendemos que el ser santos y fieles, es un indispensable requisito para ser parte de una congregación, pero esto para muchos es una condición muy difícil de cumplir pues no se consideran santos y les cuesta mucho el permanecer fieles. Pero esto es un engaño del enemigo que intenta convencernos que no se puede, pero la sangre derramada por Jesucristo en la cruz del calvario, nos limpió de nuestros pecados, nos redimió, nos salvó, y nos santificó, y ahora al ser parte de su cuerpo, de su Iglesia, somos libres, tenemos paz, podemos vencer, y podemos ser fieles al llamado del Señor, pues no se trata de nuestro esfuerzo, se trata de lo que Jesús hizo en la cruz. Él pagó por nuestra libertad.
Pr. Herman Gajardo P.


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