
“31. Sea la gloria de Jehová para siempre; Alégrese Jehová en sus obras.
32. Él mira a la tierra, y ella tiembla; Toca los montes, y humean.
33. A Jehová cantaré en mi vida; A mi Dios cantaré salmos mientras viva.
34. Dulce será mi meditación en él; Yo me regocijaré en Jehová.”
Salmo 104:31-34
La Palabra establece que la gloria es de Jehová, la cual permanece para siempre, pero el salmista también aclara que Dios se alegra en sus obras. Así como cuando Dios terminó de crear todo lo que existe, en Genesis 1:31 dice que Dios vio su creación y le agradó, en el inicio del capítulo 2 del mismo libro de Génesis, Dios establece el séptimo día como día de fiesta, día de descanso, pues Dios mismo reposa de su inmensa creación. Esto quiere decir que Dios se agrada de su creación.
Los versículos leídos más arriba nos dicen que Dios mira su creación y esta tiembla... y me detengo aquí para analizar que una mirada del Señor es tan respetada por la naturaleza y todo lo que existe, y sin embargo a nosotros nos da lo mismo si Dios nos mira, es como si hemos perdido nuestra capacidad de asombro frente a su magnificencia y no le damos importancia a una mirada de nuestro creador. Cuando le tomamos el peso a que Dios ha fijado su mirada en nosotros, nuestro ser entero no lo puede soportar, y caemos postrados ante sus pies. Eso es entender quien es Dios y darle la honra merecida a su Nombre.
Por eso el salmista avanza en su declaración poética y dice: “a Jehová cantaré en mi vida, a mi Dios cantaré salmos mientras viva. Dulce será mi meditación en él; Yo me regocijaré en Jehová.” Y eso es lo que nuestra alma también siente, y nos unimos al canto de David y nos alegramos en el Dios de nuestra salvación.
Pr. Herman Gajardo P.


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