
La Adoración a Dios es el acto de mayor reverencia, seriedad, respeto, dignidad y santidad. Dios es Santo y Todopoderoso y no podemos pretender jugar en el salón del Trono. Los mismo Serafines cubren sus rostros delante del Dios Todopoderoso. No es llegar y entrar allí. No todos pueden llegar allí. Algunos creen que han estado allí cuando en realidad han estado a kilómetros de distancia de ese lugar. Dios es Santo y nosotros debemos serlo también con verdadera seriedad, entendimiento y constancia. No por nuestras obras, sino por la Sangre de Cristo. No por nuestro esfuerzo, sino por los méritos de Aquel que murió en nuestro lugar.


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