“19. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.”
Colosenses 3:19
El versículo que leemos hoy, es una orden de comportamiento dirigido específicamente a los maridos, a los esposos, a quienes tienen la ineludible responsabilidad del sustento de su hogar, junto a su esposa. El versículo dice: “Maridos, amad a vuestras mujeres”, si usted se fija bien, no se trata de una sugerencia a amar, ni a una posibilidad siempre y cuando se den las condiciones, no, nada de eso, es una orden a amar a su esposa, o sea, es un deber y es una responsabilidad que Dios da a los maridos. La tendencia del mundo, la filosofía que impera en este tiempo, es que el amor es lo principal en un matrimonio, nada es más importante que el amarse el uno al otro, pero, si se acaba el amor, entonces se acaba el matrimonio, o sea, se cambió el concepto bíblico de “hasta que la muerte los separe”, por “hasta que la falta de amor los separe”. Y esto claramente es debido a que no se aceptan los conceptos bíblicos para contraer nupcias, sino solamente el sentir del corazón. Pero la Biblia dice que, el corazón es engañoso. Dios debe ser el pilar de un matrimonio. Él es amor. Él es imprescindible. Él guiará y sustentará una relación.
El versículo termina con la frase: “y no seáis ásperos con ellas”, sean amables, considerados, benignos, amorosos… el ejemplo del esposo ejemplar es Jesucristo, pues Él dió su vida por su esposa, por su Iglesia, por nosotros, al contrario de Adán que culpó a su esposa del su pecado, pero Jesús, aún sabiendo que éramos pecadores, igual murió por nosotros, para presentarnos ante el Padre como una esposa sin mancha, sin culpa (Judas 1:24). ¿Cuánto amas a tu esposa?, ¿estás dispuesto a morir por ella?.
Pr. Herman Gajardo P.


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